¿Rápido es bueno?
Vivimos en una era regida por la velocidad, una época donde pareciese que rápido es sinónimo de mejor y la inmediatez con que son atendidas nuestras demandas y deseos resulta crucial para nuestra comodidad. Nuestros hábitos de consumo se amoldan a un tipo de producción basada en lo desechable. Esto lo vemos claramente en la industria de la moda, que tradicionalmente se ha basado en ciclos de tendencias, como la clásica división del año en las temporadas primavera-verano y otoño-invierno.
La fast fashion o moda rápida, al igual que la fast food o comida rápida, ofrece productos que sacrifican calidad en aras de la velocidad y el volumen de la producción.
¿Por qué despacio es mejor?
El movimiento de la moda que se mueve despacio, slow fashion en inglés, surge como una respuesta a estos modelos y apuesta por un concepto: aquello que nos gusta no debería estar hecho con prisa.
Slow fashion se pronuncia contra la acumulación de ropa, producto del consumismo desmedido; en su lugar apuesta por diseños atemporales y modelos únicos, por ropa durable y hecha artesanalmente, y no “ropa de temporada” fabricada de forma masiva. Del mismo modo, este movimiento busca apoyar el consumo de productos locales a través de modelos de comercio justo e integra textiles y mano de obra de productores y artesanos de regiones específicas, lo que genera empleos dignos y activa la economía local en vez de apostar únicamente por la importación de productos extranjeros.
¿De dónde surge slow fashion?
El término slow fashion fue acuñado en el año 2007 por Kate Fletcher, profesora y consultora de Sostenibilidad, Diseño y Moda en el Centre for Sustainable Fashion de Londres, sin embargo el movimiento cobró gran notoriedad en el año 2013, tras el derrumbe de una fábrica en Bangladesh que dejó más de 1100 víctimas y expuso las terribles condiciones a las que son sometidas millones de personas que trabajan en la industria textil. Desde entonces son cada vez más las personas que toman consciencia sobre la importancia de transformar sus hábitos de consumo y reconocen el poder que tienen como consumidores sobre las empresas.
El movimiento slow fashion es una filosofía de producción y consumo responsable que promueve conceptos y valores que van mucho más allá de una simple prenda de vestir: fomentar el reciclado de prendas, reducir el volumen de consumo, elegir ropa producida de manera ética y sustentable, utilizar prendas duraderas y hechas de manera artesanal y sobre todo, escoger lo personalizado, modificable y reparable, antes que lo genérico y desechable.


